EL BUENO, EL FEO Y EL MALO
EL BUENO, EL FEO Y EL MALO El Casino Bien Formado, el Casino empírico y la Timba Hay expresiones que no nacen como doctrina, pero terminan funcionando como tal. Decir “el bueno, el feo y el malo” no es emitir una condena moral: es ordenar la realidad de manera comprensible. La célebre película El bueno, el feo y el malo (1966), dirigida por Sergio Leone, no pretende enseñar ética ni establecer un tribunal. Lo que hace es algo más simple y más profundo: clasifica tres formas de estar en el mundo. El bueno no es perfecto. El feo no es despreciable. El malo no es un monstruo absoluto. Son, más bien, tres estados reconocibles de comportamiento. Ese mismo esquema, trasladado al Baile de Casino, permite comprender sin dramatismo lo que está ocurriendo. El lenguaje cotidiano ya lo hace de manera espontánea: decimos que algo está bien hecho, mal hecho o regular. Decimos que algo funciona, que falla o que se rompe. No estamos juzgando a las personas; estamos describiendo res...