SOBRE COMENTARIOS A MIS PUBLICACIONES SOBRE EL ESTILO DE AUTOR: BAILE DE CASINO BIEN FORMADO
SOBRE COMENTARIOS A MIS PUBLICACIONES SOBRE EL ESTILO DE AUTOR:
BAILE DE CASINO BIEN FORMADO
Por: Yoel Marrero
Introducción
En torno a mis publicaciones sobre el Baile de Casino Bien Formado se ha generado un conjunto de comentarios que, más allá de su diversidad, permiten identificar patrones claros de interpretación, duda, objeción y, en algunos casos, de refutación.
Lejos de responder de forma fragmentaria, considero más útil organizar estas intervenciones en un marco doctrinal que permita comprender no solo las respuestas, sino la naturaleza de las preguntas.
Porque no todas las preguntas son iguales.
Algunas nacen de una curiosidad intelectual legítima.
Otras de una confusión conceptual.
Otras de analogías mal aplicadas.
Y otras, sencillamente, de conflictos de interés no explicitados.
Este ensayo propone una tipificación de esas intervenciones y una respuesta estructurada a cada una de ellas.
I. Sobre la naturaleza del “estilo de autor”
Una de las objeciones más recurrentes consiste en cuestionar la legitimidad misma de hablar de un “estilo de autor” dentro de un fenómeno considerado tradicional o folklórico.
Esta objeción parte de una confusión fundamental:
confundir el fenómeno colectivo empírico con su formalización consciente.
El Casino, como práctica social, es un fenómeno histórico, colectivo y cambiante.
Pero la identificación de sus regularidades, su estructuración y su conversión en sistema no lo son.
Ese proceso es individual, intelectual y metodológico.
Y en todas las disciplinas donde ha ocurrido este tránsito —desde las artes marciales hasta el ballet— han surgido estilos definidos por autores.
No hay contradicción entre tradición y autoría.
Hay niveles distintos de desarrollo.
II. Sobre la falsa oposición entre lo “informal” y lo “formal”
Otra línea de refutación afirma que el Casino, al ser un fenómeno informal, no puede ser tratado como un sistema formal.
Este argumento ignora un principio básico del desarrollo del conocimiento:
todo sistema formal proviene de un campo empírico previo.
La informalidad de origen no invalida la formalización posterior.
Al contrario, la hace posible.
Formalizar no es “forzar” la realidad.
Es hacer explícito lo que antes estaba implícito.
III. Sobre la reducción legalista: “regístralo y ya”
Una de las simplificaciones más frecuentes consiste en reducir el problema de la autoría al registro legal.
Esta postura desconoce que la autoría es anterior al registro.
El registro reconoce.
No crea.
Ninguna disciplina se sostiene únicamente sobre documentos legales.
Se sostiene sobre el reconocimiento intelectual de quién formuló qué.
Reducir la discusión a “papelito habla” es evitar el problema de fondo:
la honestidad en el uso del conocimiento.
IV. Sobre las analogías defectuosas
Es frecuente el uso de ejemplos que, aunque intuitivos, no son equivalentes.
El más común: “si vendes un carro, ya no es tuyo”.
Correcto en términos de objeto físico.
Incorrecto en términos de diseño, ingeniería y propiedad intelectual.
Nadie puede desmontar ese carro y reproducirlo como propio.
En el caso del método, la analogía es aún más clara:
el cuerpo es el hardware.
el método es el software.
El hardware no es propiedad del autor.
El sistema que lo hace funcionar de una determinada manera, sí tiene origen.
V. Sobre la confusión entre “parecerse” y “ser”
Otra fuente de confusión es la percepción de similitud.
Muchos observadores identifican en mi trabajo elementos que “recuerdan” a prácticas anteriores.
Y esa intuición, en parte, es correcta.
Pero no todo lo que se parece es lo mismo.
La diferencia radica en dos planos:
– un salto cualitativo en la definición, la limpieza técnica y la coherencia estructural,
– y un salto cuantitativo en el repertorio coreográfico.
Confundir variante con estructura es uno de los errores más comunes.
VI. Sobre la ausencia de herramientas de análisis
Gran parte de las opiniones categóricas provienen de una carencia básica:
la ausencia de instrumentos de análisis.
Sin criterios para definir una figura, sus límites, sus regularidades y sus relaciones, todo parece equivalente.
Por eso, antes de afirmar, lo razonable es preguntar.
VII. Sobre el uso del contenido: aprendizaje vs. apropiación
Aquí es necesario establecer una distinción fundamental:
Aprender, practicar e inspirarse es legítimo.
Usar sistemáticamente, enseñar, monetizar o redistribuir sin reconocer el origen, no lo es.
Este problema se manifiesta en dos niveles:
Contenido metodológico: uso de principios, estructuras y procedimientos sin reconocimiento.
Contenido coreográfico: reproducción y comercialización de figuras sin autoría atribuida.
Ambos constituyen formas de apropiación cuando se realizan sin reconocimiento.
VIII. Sobre la exigencia de demostración
Se ha planteado la idea de que otros pueden haber “mejorado” el método o sus resultados.
Esa posibilidad es legítima.
Pero toda afirmación de mejora exige demostración.
No basta con declarar superioridad.
Es necesario contrastar.
Criterios, comparación y posibilidad de réplica.
Fuera de eso, no hay evolución. Hay relato.
IX. Sobre el conflicto de intereses
En muchos casos, el desacuerdo no es puramente teórico.
Está condicionado por la posición que cada uno ocupa en el campo.
Cuando la formalización aparece, hace visible:
– qué es estructurado y qué no,
– qué es original y qué es derivado,
– quién produce y quién reproduce.
Esa visibilidad genera incomodidad.
X. Sobre la falsa neutralidad del “todo es de todos”
Una de las ideas más peligrosas es la creencia de que todo lo producido en un campo cultural es automáticamente de uso libre.
Esa noción niega el principio de autoría.
La tradición puede ser colectiva.
La formalización no lo es.
Convertir el trabajo intelectual en un bien indistinto no es una postura ética.
Es una negación del mérito.
XI. Sobre el derecho a preguntar y la obligación de informarse
No toda intervención es negativa.
Existen preguntas legítimas, necesarias y valiosas.
Pero hay una condición mínima para el debate:
antes de refutar, comprender.
Preguntar desde la curiosidad intelectual es un acto válido.
Afirmar desde el desconocimiento, no.
Conclusión
El Baile de Casino Bien Formado no es una negación del pasado, sino su formalización.
No es una apropiación de lo colectivo, sino la extracción de su estructura.
No es una imposición, sino una propuesta.
Pero como toda propuesta estructurada, tiene algo que la distingue:
puede definirse, reproducirse, enseñarse e identificarse.
Y por eso mismo, exige algo básico:
reconocimiento.
No por ego.
Por justicia.
Porque sin reconocimiento de la autoría, no hay continuidad del conocimiento.
Y sin continuidad del conocimiento, no hay desarrollo real.
Yoel Marrero
Autor del Método del Cuadro del Casino (MCC)
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