Hace quince años
Hace quince años, en 2010, desde el ático de una vieja casa de madera en Miami Beach llamada Villa Danza, comencé el Movimiento Casino Para Todos.
En aquella época, casi nadie quería defender el nombre de Baile de Casino. Había que llamarlo “salsa cubana” o “timba cubana”, porque eso era lo que supuestamente vendía. El argumento era siempre el mismo: que el Casino no bastaba, que estaba en decadencia, que tenía pocas figuras, que había que mezclarlo, inflarlo y adulterarlo para volverlo comercial. Es decir: para hacerlo vendible, había que dejar de respetarlo.
Yo me planté contra eso.
Y por hacerlo me gané enemigos, burlas, campañas de descrédito y toda clase de ataques personales. Pero no retrocedí. Publiqué el primer curso en línea del mundo sobre Baile de Casino y lo hice con una metodología propia, seria y revolucionaria: el Método del Cuadro del Casino.
A partir de ahí comencé a intervenir públicamente, de forma sistemática, en redes sociales. Mientras muchos hablaban en voz baja, por detrás, entre chismes y cobardías de gremio, yo abrí el debate de frente. Empecé a denunciar la falsificación del Casino, la manipulación comercial de la mal llamada salsa, la degradación técnica, la apropiación cultural y el perjuicio económico que todo eso provocaba a los cubanos que enseñábamos baile fuera de Cuba.
No me limité a criticar: puse una solución sobre la mesa. Técnica. Metodológica. Conceptual.
Mientras otros repetían eslóganes, yo propuse estructura. Mientras otros vendían confusión, yo defendí precisión. Mientras otros comerciaban con la deformación, yo defendí el Son y el Casino con nombre, criterio y fundamento.
Mis publicaciones, sobre todo en las desaparecidas Notas de Facebook, abrieron el primer debate público, frontal y sostenido sobre estos temas dentro del entorno digital. Lo que hasta entonces eran murmullos de pasillo, yo lo convertí en discusión abierta. Lo que era comodidad gremial, yo lo volví conflicto intelectual. Lo que era resignación comercial, yo lo convertí en contraofensiva cultural.
Por supuesto, muchos no pudieron responder en el terreno de las ideas. Y cuando no se puede responder con argumentos, se recurre al ataque personal. Así funcionó durante años. Pero ni la burla, ni el aislamiento, ni la caricatura lograron borrar lo esencial: que fui yo quien abrió esta brecha pública sobre Son y Casino, técnica, metodología, estructura, optimización y bailes sociales cubanos.
Después aparecieron los oportunistas de siempre. Los que primero observan, luego copian, después traducen, y finalmente intentan vender como suyo lo que simplemente recogieron del suelo. Los recogedores de mangos bajitos. Los recicladores del trabajo ajeno. Los que viven de repetir, suavizar o reempaquetar ideas que no crearon.
Pero las huellas quedan.
Mi ADN verbal, conceptual y metodológico está ahí. En los términos. En los enfoques. En las conexiones entre ideas. En la manera de pensar el baile como sistema, como estructura, como fenómeno técnico y cultural. Eso no se improvisa. Eso no se copia sin dejar rastro.
Han pasado quince años.
Quince años desde que empecé a decir lo que casi nadie se atrevía a decir.
Quince años desde que empecé a desmontar la mentira salsera y a defender el Son y el Casino como patrimonio vivo, no como mercancía adulterada.
Quince años desde que puse el cuerpo, el nombre y el criterio.
Ya está bien de silencios.
Ya está bien de recicladores.
Ya está bien de farsantes.
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