¿Puede metodologizarse un baile popular?

 

¿Puede metodologizarse un baile popular?

Respuesta a la afirmación de que el baile popular es imposible de encasillar en una metodología

Yoel Marrero

Recientemente una investigadora y profesora vinculada al Instituto Superior de Arte me expresó una opinión que he escuchado repetidamente durante más de veinte años de trabajo: que lamentaba mi esfuerzo porque, según ella, el baile popular es imposible de encasillar en una metodología.

La afirmación no es nueva. De hecho, constituye probablemente el principal argumento utilizado para justificar la ausencia de una teoría rigurosa del Baile de Casino y de los bailes sociales cubanos en general. Sin embargo, precisamente por su frecuente repetición, merece ser examinada con detenimiento.

Mi respuesta es simple:

Si un fenómeno existe, puede ser observado.
Si puede ser observado, puede ser descrito.
Si puede ser descrito, puede ser analizado.
Si puede ser analizado, puede ser modelado.
Y si puede ser modelado, puede ser enseñado, reproducido y perfeccionado.

Negar esta posibilidad equivale a negar el fundamento mismo de toda ciencia.

La historia del conocimiento humano es, en gran medida, la historia de fenómenos que inicialmente parecían imposibles de explicar y que posteriormente fueron comprendidos mediante la identificación de sus regularidades internas.

Durante siglos el movimiento de los planetas pareció caótico. Hoy se describe mediante leyes.

Durante siglos la herencia biológica fue un misterio. Hoy se estudia mediante modelos genéticos.

Durante siglos los aromas, colores y sabores parecían simples experiencias subjetivas. La química demostró que detrás de ellos existían estructuras, componentes y relaciones identificables.

¿Por qué habría de ser diferente en el caso del baile?

La idea de que un fenómeno es popular y por ello escapa al análisis científico constituye una falacia epistemológica.

Lo popular no significa caótico.

Lo popular significa que surge y se desarrolla de manera espontánea dentro de una comunidad.

Pero incluso los fenómenos espontáneos poseen regularidades.

Los idiomas son populares.

Las costumbres son populares.

Los mercados son populares.

Las músicas tradicionales son populares.

Y sin embargo todos ellos han podido ser estudiados, descritos y modelados.

Nadie afirmaría seriamente que la lingüística es imposible porque la lengua es popular.

Nadie sostendría que la musicología es imposible porque la música surge de la práctica colectiva.

Nadie diría que la antropología es imposible porque las costumbres son espontáneas.

¿Por qué entonces se acepta semejante razonamiento cuando se trata del baile?

La respuesta es sencilla.

No porque el baile sea imposible de estudiar, sino porque históricamente no se ha desarrollado una tradición suficientemente rigurosa de análisis coreográfico aplicada a los bailes sociales cubanos.

Precisamente esa ausencia fue la que motivó el surgimiento del Método del Cuadro del Casino.

Mi formación original no proviene de la danza académica sino de la química. Como químico aprendí que los fenómenos complejos pueden separarse en componentes más simples para comprender mejor su funcionamiento.

La química no inventa las sustancias.

Las identifica.

Las separa.

Las caracteriza.

Las purifica.

Las concentra.

Las describe.

Y posteriormente permite reproducirlas.

Ese mismo principio fue el que decidí aplicar al Casino.

No intenté imponer una estructura artificial sobre el baile.

Intenté descubrir la estructura que ya existía dentro de él.

Durante años observé miles de ejecuciones.

Analicé posiciones.

Comparé trayectorias.

Estudié desplazamientos.

Identifiqué regularidades.

Y comprobé que detrás de la aparente diversidad existían patrones recurrentes.

Esos patrones podían representarse.

Podían describirse.

Podían clasificarse.

Y podían enseñarse.

El resultado de ese trabajo fue el Método del Cuadro del Casino.

Lo que inicialmente parecía una masa amorfa de figuras y variantes comenzó a revelar una organización interna.

Aparecieron posiciones recurrentes.

Trayectorias recurrentes.

Enlaces recurrentes.

Mecanismos de conducción recurrentes.

Y posteriormente algo aún más importante: relaciones entre esas estructuras.

A partir de ahí surgieron teorías específicas.

Teoría de la Moción Coreográfica.

Teoría de la Navegación Coreográfica.

Teoría de la Conducción Coreográfica.

Teoría del Reparto Rítmico.

Teoría de la Optimización Coreográfica.

Teoría de la Topología Coreográfica.

Teoría de la Evolución Coreográfica.

Y otras hasta conformar el cuerpo actual de las veintiuna teorías del MCC.

Algunos críticos sostienen que la improvisación demuestra la imposibilidad de metodologizar el Casino.

La realidad es exactamente la contraria.

La improvisación es uno de los fenómenos que mejor demuestra la existencia de estructura.

Nadie improvisa desde el vacío.

Toda improvisación ocurre dentro de un espacio de posibilidades.

Incluso el jazz, considerado uno de los máximos exponentes de improvisación musical, descansa sobre estructuras armónicas, escalas y relaciones perfectamente estudiables.

Lo mismo ocurre con el Casino.

Lo que muchos llaman improvisación es, en realidad, navegación dentro de un espacio topológico de posibilidades coreográficas.

La Teoría de la Topología Coreográfica del MCC aborda precisamente este fenómeno.

Las figuras no aparecen por generación espontánea.

Se construyen a partir de posiciones.

Las posiciones generan rutas.

Las rutas generan combinaciones.

Las combinaciones generan nuevas figuras.

Y esas figuras pueden volver a integrarse en nuevas combinaciones.

Lo que desde fuera parece creatividad ilimitada, desde dentro revela una lógica estructural.

La existencia de esa lógica no elimina la creatividad.

La hace posible.

La verdadera creatividad no consiste en actuar sin reglas.

Consiste en explorar conscientemente las posibilidades que ofrecen las reglas.

Por eso la metodología no destruye el baile.

Lo libera.

No elimina la espontaneidad.

La potencia.

No empobrece la creatividad.

La multiplica.

La frase "el baile popular es imposible de encasillar en una metodología" revela, en el fondo, una concepción equivocada de lo que es una metodología.

Una metodología no es una cárcel.

No es una camisa de fuerza.

No es un conjunto arbitrario de prohibiciones.

Una metodología es una descripción organizada de la realidad observada.

Y cuanto mejor describa esa realidad, mayor será la libertad que otorgue para comprenderla, enseñarla y desarrollarla.

El Casino existía antes del MCC.

Seguiría existiendo sin el MCC.

Pero eso no significa que no pueda ser comprendido con mayor profundidad.

Tampoco significa que deba permanecer eternamente en estado empírico.

La pregunta no es si el Casino puede metodologizarse.

La pregunta correcta es otra:

¿Por qué deberíamos aceptar que un fenómeno tan rico, tan complejo y tan importante para la cultura cubana permanezca para siempre sin una descripción rigurosa de sus leyes internas?

Mi respuesta sigue siendo la misma que hace más de veinte años:

No existe ningún fenómeno humano tan complejo que esté exento del análisis.

Y el Baile de Casino no constituye una excepción.

Por el contrario, precisamente por su riqueza, merece ser estudiado con el mayor rigor posible.

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