Pregunta 10. Después de dedicar tantos años a estudiar, enseñar y sistematizar el Casino, ¿qué es lo que hoy entiendes sobre esta danza que no entendías hace veinte años?

 


Pregunta 10. Después de dedicar tantos años a estudiar, enseñar y sistematizar el Casino, ¿qué es lo que hoy entiendes sobre esta danza que no entendías hace veinte años?

Lo primero que entiendo hoy y que no entendía hace veinte años es la arquitectura interna del Casino.

Hoy puedo visualizar el sistema completo. Puedo ver mentalmente los mapas coreográficos, las trayectorias, las relaciones entre posiciones, las cuerdas de conducción, los vectores de movimiento, las transferencias de fuerza y las conexiones tridimensionales que hacen posible la ejecución de las figuras.

Hace veinte años todo eso existía, pero era invisible para mí. Hoy forma parte de una representación mental muy clara. Veo el Casino como una estructura organizada y no simplemente como una colección de figuras aisladas.

Esa comprensión profunda produce una sensación difícil de describir. Cuando uno logra entender un fenómeno a ese nivel, muchas discusiones superficiales dejan de tener importancia porque ya está observando el sistema desde una perspectiva diferente.

Sin embargo, quizás los descubrimientos más importantes no han sido únicamente coreográficos.

Con los años también he aprendido mucho sobre el aprendizaje humano.

Al principio pensaba que, si la metodología era suficientemente buena, prácticamente cualquier persona podría alcanzar niveles muy altos de ejecución. En cierta medida sigo creyendo que todos pueden mejorar enormemente, pero hoy entiendo que cada individuo posee ritmos de desarrollo diferentes y que existen límites psicológicos que influyen tanto como los aspectos técnicos.

Una de las ideas que actualmente estoy desarrollando dentro de lo que considero una futura Teoría de la Psicología del Aprendizaje es la existencia de lo que llamo un "umbral de no mejora".

He observado que muchos alumnos avanzan rápidamente durante un tiempo y después alcanzan un punto donde el progreso se vuelve extremadamente lento. Algunos logran superar ese umbral mediante esfuerzo, autocrítica y perseverancia. Otros, en cambio, se bloquean psicológicamente y dejan de evolucionar, aunque continúen participando y disfrutando de la actividad.

Comprender este fenómeno ha cambiado profundamente mi forma de enseñar.

Antes tendía a pensar que todos los problemas podían resolverse exclusivamente mediante una mejor metodología. Hoy entiendo que la metodología es fundamental, pero también existen factores relacionados con la concentración, la actitud personal, la disciplina, la tolerancia a la frustración y la capacidad de cada individuo para enfrentarse a sus propias limitaciones.

También he aprendido que no todas las personas reaccionan igual ante la dificultad.

Algunas utilizan la frustración como combustible para mejorar. Llegan a un punto crítico, rompen sus propios límites y continúan avanzando. Otras experimentan la misma frustración como una señal de derrota y terminan bloqueándose.

Por eso hoy concedo mucha más importancia al equilibrio entre excelencia técnica y bienestar humano. El objetivo final no puede ser únicamente la perfección técnica. También debe existir espacio para la socialización, el disfrute y la participación dentro de la comunidad.

El método debe aspirar a la máxima perfección posible para ofrecer a cada persona las mejores herramientas, pero también debe reconocer que cada individuo recorrerá ese camino de una manera diferente.

Otro descubrimiento importante ha sido comprender hasta qué punto el MCC trasciende el propio baile.

A medida que avanzó la investigación fui desarrollando herramientas que nunca imaginé necesitar: sistemas de notación, nomenclaturas, modelos tridimensionales, edición audiovisual, diseño gráfico, animación, inteligencia artificial y otras disciplinas complementarias.

Paradójicamente, el estudio del Casino me obligó a convertirme en una persona mucho más multidisciplinaria de lo que era cuando comencé.

También descubrí algo sobre la naturaleza humana que no esperaba encontrar.

Siempre imaginé que cuando una herramienta demostraba ser útil, las personas reconocerían naturalmente su origen y su desarrollo. Con el tiempo comprobé que no siempre ocurre así. He visto cómo algunas personas adoptan conceptos, métodos o soluciones que terminan integrándose tan profundamente en su práctica que llegan incluso a olvidar o ignorar conscientemente de dónde proceden.

Ese ha sido un aprendizaje difícil, pero también forma parte de la experiencia.

Si tuviera que resumir todo lo aprendido en una sola frase, diría que hace veinte años veía figuras; hoy veo sistemas. Hace veinte años veía movimientos; hoy veo estructuras. Hace veinte años enseñaba pasos; hoy intento comprender los mecanismos que hacen posible que esos pasos existan.

Y probablemente esa diferencia de perspectiva sea el resultado más importante de toda esta investigación.

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