Por qué mi Casino recuerda al de los 50, 60, 70 y 80
No es nostalgia: es estructura
Por qué mi Casino recuerda al de los 50, 60, 70 y 80
Hay quienes creen que lo que hago recuerda al Casino de antes por una cuestión de estilo, de estética o incluso de nostalgia. Se equivocan.
No es nostalgia.
Es estructura.
Mi Casino recuerda al de las décadas del 50, 60, 70 y 80 por una razón simple y contundente: porque sigue siendo Casino. Porque conserva aquello que define al fenómeno en su esencia, aquello que no se ve a simple vista pero que lo sostiene todo: su arquitectura interna.
Durante esas décadas, el Casino no estaba aún afectado por mutaciones estructurales profundas. Era un fenómeno empírico, sí, pero su coherencia interna seguía intacta. No estaba teorizado, no estaba modelado, pero funcionaba. Había una lógica. Había un orden. Había una estructura.
Hoy, en cambio, abundan versiones que, aunque conserven el nombre, han perdido ese esqueleto. Se les sigue llamando Casino por inercia, por costumbre o por conveniencia comercial, pero han mutado. Y cuando la estructura muta, ya no estamos ante una evolución del mismo objeto, sino ante otra cosa.
Porque no todo cambio es evolución.
Y no todo lo nuevo es más avanzado.
El error de confundir estilo con estructura
El estilo es un ajuste.
La estructura es identidad.
El estilo se mueve dentro de un sistema. La estructura define el sistema mismo. Confundir ambas cosas es lo que ha permitido que se llame Casino a cualquier cosa que lo parezca superficialmente.
Mi trabajo no consiste en “ponerle estilo” al Casino.
Consiste en identificar su estructura, aislarla, modelarla y desarrollarla sin traicionarla.
Por eso lo que hago recuerda a lo anterior: porque no he roto el sistema. Lo he revelado.
El MCC: de lo empírico a lo inteligible
El fenómeno estaba ahí, pero no estaba formulado.
El MCC no inventa el Casino. Lo descubre.
Lo separa, lo analiza, lo modela y lo devuelve con una claridad que el propio fenómeno empírico no podía darse a sí mismo. Y una vez que hay modelo, ocurre algo inevitable: el sistema empieza a producir nuevas posibilidades.
No por capricho, sino por inferencia.
Si existe una posición, se examina su lógica.
Si la lógica lo permite, aparece su inversa.
Y con ella, aparecen nuevas trayectorias, nuevos enlaces, nuevas figuras.
No es imaginación.
Es consecuencia.
Ese proceso —interpolación, extrapolación, deducción estructural— genera un aumento del repertorio que no es acumulativo, sino orgánico. Cada nuevo nodo no es un añadido arbitrario, sino una extensión coherente del sistema.
Más repertorio no es más caos: es más sistema
Se suele pensar que más figuras es más creatividad.
No necesariamente.
Sin estructura, más figuras es más confusión.
Con estructura, más figuras es más lenguaje.
El aumento del repertorio en el Casino Bien Formado no es una suma desordenada, sino el resultado de una optimización técnica y de una expansión controlada de los parámetros del sistema.
Aparecen nuevas posiciones.
Se definen trayectorias que antes eran difusas.
Se estabilizan relaciones que antes eran accidentales.
Y todo eso produce algo evidente:
más claridad, más precisión, más potencia combinatoria.
El nuevo estilo: más nítido, no más distinto
Aquí es donde muchos se pierden.
Cuando un sistema se optimiza, aparece un nuevo estilo.
Pero ese estilo no cambia la identidad del objeto: la hace más visible.
Es como una anatomía que se entrena, se fortalece y se perfecciona. No deja de ser la misma, pero se vuelve más eficiente, más definida, más capaz.
Eso es lo que ocurre con el Casino Bien Formado.
No rompe con el pasado.
Lo afina.
No lo reemplaza.
Lo hace inteligible.
El contraste con el presente
Por eso mi Casino puede parecer “antiguo” frente a muchas formas actuales. Pero es una ilusión temporal. Lo que realmente está ocurriendo es lo contrario:
No es que mi Casino mire hacia atrás.
Es que muchos Casinos actuales han perdido estructura hacia adelante.
Y cuando se pierde la estructura, lo que queda puede ser más vistoso, más libre o más comercial, pero ya no es lo mismo. Puede seguir llevando el nombre, pero ha cambiado de naturaleza.
Un estilo de autor
El Casino Bien Formado es, por tanto, un estilo de autor.
No nace de la repetición inconsciente, sino del análisis.
No se sedimenta: se construye.
Es un sistema social, sí, pero de factura inteligible. Un sistema donde cada elemento está conectado por leyes internas, no por costumbre.
Por eso lo digo sin rodeos:
Mi Casino no es cubano.
El cubano soy yo.
Lo que yo hago no es reproducir lo que baila el pueblo hoy.
Es trabajar sobre el objeto, purificarlo, optimizarlo, ampliarlo y organizarlo bajo principios.
No necesito la apelación al pueblo como criterio de verdad.
La coherencia interna del sistema se valida por sí sola.
Conclusión
Mi Casino recuerda al de los 50, 60, 70 y 80 porque conserva su estructura. Pero no se queda ahí. La hace visible, la desarrolla y la lleva a un nivel de precisión que el fenómeno empírico nunca alcanzó plenamente.
Eso no es nostalgia.
Eso es conocimiento.
Y ahí está la diferencia entre repetir un baile y entenderlo.
Yoel Marrero
Autor del Método del Cuadro del Casino (MCC)
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